Que Dios nos perdone, cine negro en Madrid

El cine español nos sigue dando alegrías en el género negro y policíaco. La última joya es de Rodrigo Sorogoyen, que dirige el guion que escribió junto a Isabel Peña, y es un thriller muy potente, opresivo y cuidado. Son dos horas que se pasan volando con esta película que recibió el premio a mejor guion en el Festival de San Sebastián.

Desde mi punto de vista, el guion me ha parecido tan bien llevado como clásico. Me ha gustado más la dirección, muy realista y brillante tanto en escenas íntimas como en secuencias de acción muy vibrantes. Por su parte, Roberto Álamo y Antonio de la Torre han firmado una gran pareja de inspectores separados por su forma de expresar emociones.

Hemos visto muchos compañeros diferentes y el reto está en conseguir no ser olvidable, creo que su dualidad está perfecta y merecedora de Goya. Roberto Álamo es Alfaro, un policía violento, física y verbalmente, da la sensación de que vive acomplejado y buscando brega continuamente. Antonio de la Torre es su compañero, Velarde comparte sensaciones de frustración pero su tartamudez le ha hecho renunciar a expresarlas por lo mucho que le cuesta hablar fluidamente. En general es un reparto a gran altura que mantiene muy bien la expectación sobre quién es el misterioso asesino.

Esperaba más trasfondo político cuando vi que el caso se desarrollaba durante el 15m y la visita del Papa, pero esto es casi una excusa para aglomerar la ciudad y cuidar las relaciones públicas del Cuerpo de Policía. De todos modos, sí conoceremos las condiciones sociales del caso conforme avanza la investigación y vemos las diferencias entre barrios de Madrid. 

Sobre la trascendencia del caso en la sociedad a través de los medios me ha llamado la atención cómo interpretan algunos inspectores la ausencia de eco mediático. Si los policías de Andreu Martín, en Sociedad Negra, creían que la prensa puede crear alarma social y presiones poco deseables para resolver bien el caso, los inspectores de Sorogoyen creen que la ausencia de noticias relacionadas con determinados homicidios dan sensación de impunidad al asesino. 

Que Dios nos perdone permite a Sorogoyen mantener su buen nombre conseguido con Stockholm, una película muy alejada de este género. Y consigue gran nota con una historia que recoge la herencia del cine negro y tiene su propia voz en la habitual dupla policial que cuenta con ejemplos tan elogiados como True Detective o La isla mínima.

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