Jack McEvoy #1: El Poeta

Los primeros cuatro años de Michael Connelly como escritor fueron de la mano del detective Harry Bosch, su gran personaje, su Marlowe, su Spade. Los creadores de estos personajes fundacionales encontraron en Connelly un nuevo heredero casi medio siglo después. Dashiell Hammett fue detective antes de ser autor y crear a Spade. Raymond Chandler aprendió el género leyendo entre otros a Hammett. Y Michael arrancó con lo que aprendió de los dos y luego creó un personaje al que darle matices autobiográficos de su pasado como periodista. En los primeros casos del detective apareció un periodista como personaje secundario (Billy Bremmer), pero en El Poeta amplió el universo Bosch con el reportero Jack McEvoy de Denver como protagonista.

El periodismo de sucesos permite a McEvoy seguir de cerca las investigaciones de crímenes o incluso abrir inspecciones paralelas, pero hay una meta que no puede alcanzar: poner las esposas al detenido. En torno a esta idea, la mejor película reciente seguramente sea Zodiac (2007), donde un periodista lleva la iniciativa de las averiguaciones pero sigue necesitando a la policía para abrir puertas y finalmente culminar. Bosch colaboró con el FBI y con la DEA pero la posición de McEvoy es desigual porque él no puede lucir placa, su fuerza está en su capacidad de adelantarse al FBI para ser necesario en la operación.

Estas bazas permiten a Connelly establecer una relación en permanente tensión entre el periodista y el FBI. Jack trata de construir un caso a partir de la sospecha de que su hermano (gemelo y policía) Sean no se suicidó, como resolvió la policía de Denver. Los federales dan credibilidad a las tesis del periodista cuando demuestra un patrón de de detectives de homicidios suicidados cuando trataban de investigar el mismo tipo de caso, y el FBI se hace cargo de la investigación oficial.

Sin embargo, una paranoia se irá abriendo paso por la desconfianza que hay en el buró hacia el papel de la prensa y por el miedo de Jack a perder la exclusiva a medida que pase el tiempo y más personas entren en el operativo. Esta historia permite un acercamiento a los prejuicios en las fuerzas de seguridad para investigar los presuntos suicidios de compañeros. El resultado es una novela muy adictiva con una buena gama de personajes interesantes y un lúgubre homenaje a Edgar Allan Poe, el padre de las novelas de misterio.

Obsolescencia informática
No sé a vosotros pero a mí me llama más la atención un móvil antiguo en una película de los noventa que la ausencia de móviles en una producción de los setenta. Esto imagino que se debe a que puedo recordar aquellos aparatos por experiencia propia y seguir su evolución hasta hoy, sin embargo, las décadas anteriores no tuvieron el mismo ritmo evolutivo en las tecnologías informáticas y se advierten más diferencias en aspectos estéticos (peinados, hombreras) o sociales (la Guerra Fría). Algo así me pasa con internet en El poeta.

El fenómeno de la novela negra se desarrolló en años en los que el único recurso para comunicarse a distancia eran los teléfonos y las cabinas. La estética clásica fue replicada durante el paso de los años, incluso cuando algunos autores retomaron el género en los ochenta se presentaba a un investigador de cuyo mejor valor era un abanico de contactos para contrastar versiones. Era el caso de Harry Bosch en sus primeras novelas, donde ya había ordenadores pero estaban en departamentos específicos. Este libro de 1996 parece que haya dado un salto de años con Jack McEvoy enviando un reportaje desde Phoenix hasta Denver por internet, pero se le notan las costuras cuando no puede consultar la web al haber una sola línea telefónica. Y hablando de telefonía noventera: Jack tiene internet pero no móvil, cuando quiere contactar con su enlace del FBI debe llamar a un busca. En cualquier caso, esto no envejece la novela porque no es el centro de la historia pero le da cierto de distancia cuando es leída años después.

Ficha técnica
Título: El poeta
Autor: Michael Connelly
Editorial: Roca Editorial
Páginas: 585
Año: 1996

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