La Barcelona negra de Méndez y González Ledesma


Enric González dice en Memorias líquidas que su Barcelona es la de los ochenta, "una ciudad en tránsito. El franquismo hacía las maletas o se disfrazaba de otra época, los poderes sustitutorios no habían llegado todavía y la libertad era un estado de ánimo sin reglas ni procedimientos democráticos. Era una ciudad y desordenada, relativamente pobre y pocos turistas. No se parecía en nada al parque temático de la actual Barceluña". Enric es uno de mis periodistas preferidos y llegué a él, como muchos futboleros, a través de Historias del Calcio. Para mí, él era Enric y González Ledesma su padre, lo que seguramente supone una herejía para los veteranos de la novela negra española. Aunque eso cambió hace poco con La dama de cachemira (1986, Premio Mystère), Historia de Dios en una esquina (1991, cierra ocho años de novelas) y Una novela de barrio (2007, Premio RBA aunque "ya ni el Barrio Chino se llama así"): la primera vivida en la Barcelona que disfrutaba Enric, años antes de la Barceluña de Una novela de barrio.

El personaje central de las historias policiacas de Ledesma es el inspector Méndez, un inspector de la vieja escuela abandonado al fondo de la jerarquía policial y con nulas posibilidades de ascender. También es un nostálgico de las mejores noches del Paralelo y sus mujeres que llevaban a los hombres a la perdición. Sus novelas que he leído tienen una gran personalidad gracias a las referencias nostálgicas de la avenida y sus barrios cercanos, como el Barrio Chino y el Poble Sec. "Si alguna vez se escribía a mano la historia del Paralelo, Méndez quería firmar, quería poner simplemente la palabra adiós".

Méndez se aprovecha de la poca admiración que despierta entre sus superiores para trabajar lo más libre que puede, apoyado en su vasta red de confidentes ignorados por inspectores más reconocidos y con un reglamento que incluye la violencia con los más cabrones, aunque su forma de trabajar tiene más que ver con la conversación que con la acción y sabe cuándo usar la mano izquierda. El inspector explica que a él no le importa el aspecto policial de un caso, "siempre en los crímenes me han interesado exclusivamente los aspectos humanos". Por los territorios en los que se mueve, sus casos suelen afectar a gente con pocos recursos pero alrededor también son habituales algún miembro de la élite barcelonesa. En este contexto, Ledesma da a luz novelas con buen suspense hasta el final y un divertidísimo humor ironizando sobre las limitaciones del inspector y la mala fama del protagonista y el cuerpo en general y de algunos rincones y vecinos del barrio.

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