Spectre no asusta a Bond


Spectre me ha dejado más satisfecho de lo que esperaba tras leer algunos comentarios pero me ha gustado menos de lo que esperaba cuando vi el título y el actor que daría vida al enemigo más clásico de la saga. En su última entrega, Sam Mendes continúa con su afán de psicoanalizar a Bond y tras llevarlo a su casa de infancia en Skyfall ahora le suelta por el mundo (México, Roma, Austria, Londres y Tánger) como el hombre que dice que el asesinato es un empleo. Sin embargo, la película tiene una gran rémora en el contraste entre un Bond cada vez más oscuro y un Blofeld casi ridículo, muy inferior a los villanos de Casino Royale y Skyfall

La amenaza para Bond y para el MI es un plan que no va mucho más lejos que una exageración de lo que ya proyecta Person of Interest (espionaje, seguridad nacional y amenaza invisible)en el desarrollo sí deja cosas interesantes, aunque todas más relacionadas con Londres y el MI6 que con el personaje de un Waltz decepcionante. Dicho esto me divertí bastante con otra aventura prácticamente extraoficial de Bond: acción, Bond cabreado con el mundo y por fin un agitado, no revuelto bien traducido que no llega a beber.

Spectre también parece que cierra el primer arco argumental tras el reinicio de la saga: Bond es un hombre más maduro aunque igual de cínico y el jefe Blofeld confirma que Spectra estaba detrás de Le Chiffre, Green y Silva. Ahora toca a esperar a lo que viene aunque Mendes ha dejado un rastro claro para su sucesor. El director ha jugado con los ancestros de Bond y Blofeld, la localización de la clínica, Bond yendo por libre, y todo lo que rodea a la chica Bond (Léa Seydoux, también escasita) de turno (además del tema musical de la película); es fácil intuir por dónde irá la nueva misión-venganza de Bond. Veremos si Craig sale en el cartel número 25 de la serie.

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