El gran reloj, Kenneth Fearing y la evolución de la novela negra

Esta novela es una de las excepciones noirs en la carrera de Kenneth Fearing, desconocido por mí pero reconocido en Estados Unidos por, sobre todo, su legado poético. El autor pisó varias habitaciones de la literatura: periodista en los años veinte; poeta desde el año del Crack y consagrado durante la Gran Depresión; novelista desde 1939, cuando arrancó la II Guerra Mundial. No se dedicó al género negro, solo tres novelas, pero El gran reloj (1946) supuso los elogios de uno de los reyes del sector, como Raymond Chandler: "todavía estoy un tanto asombrado de cómo es que no ha aparecido nadie que me haya dejado en evidencia. Excepto algún tour de force ocasional como El gran reloj, no ha salido nadie". Chandler da en la tecla con el término "exhibición de poder", Fearing presenta un thriller que permite evolucionar los postulados de la novela negra.

David G. Panadero, uno de los que más saben de este género, cuenta en Prótesis que en los años posteriores a la II Guerra Mundial "los escritores policíacos dejaban a un lado su afán contestatario para pasar a indagar en el comportamiento humano" y, a partir de la generalización del psicoanálisis, para muchos autores resulta más interesante profundizar en el ciudadano medio que en los criminales habituales: "cualquier hombre corriente podría ser víctima o autor del delito". Panadero explica que las novelas que siguieron este camino fueron denominadas como "de suspense": más importante que el crimen o los hechos son las sensaciones que tienen los personajes de lo que creen que va a pasar o puede pasar: el miedo de alguien ante una situación que le supera.

El gran reloj abandona por completo el estilo de detective como núcleo de la historia que trata de resolver un caso e introduce varios cambios significativos: el lector asiste a la comisión del crimen; la batuta de la investigación central del relato recae en un periodista; y la pesquisa no trata de identificar al asesino, no hay un espíritu de justicia. George Stroud proyecta la imagen del sueño americano: hombre casado, dos hijos -niño y niña- y un buen trabajo -director editorial de una influyente revista de sucesos e investigación del grupo Janoth- pero sus pocas reservas con el alcohol y otras mujeres le dejará al borde del abismo, a expensas del gran reloj, un engranaje social "que marca el orden  y establece las pautas del propio caos no ha cambiado nunca, ni cambiará ni será cambiado jamás".

Stroud ligará su futuro al éxito o fracaso de un grupo que él mismo lidera y cuya misión es encontrar a un hombre que solo Stroud sabe quien es: él mismo. Como testigo del asesinato de su última amante -la novia de su jefe- no puede permitir que su familia conozca esa relación ni que sus jefes -quienes ordenan la búsqueda- sepan quién era el testigo que Earl Janoth no identificó, pues se imagina el trágico final que le espera. El gran reloj no trata tanto de la propia investigación como de la ansiedad por la incertidumbre del caos que pretenden ordenar dos personajes que detentan tanto el rol de perseguidores como el de perseguidos; aunque la incógnita que supone qué será de ellos atrapa al lector cada vez más.

Estamos ante una novela que no ha envejecido en absoluto, a pesar de contar con casi setenta años y ser tan cercana a su realidad; la historia puede ambientarse perfectamente en nuestro tiempo, el corporativismo del imperio Janoth nada tiene que envidiar al de los actuales grupos empresariales de comunicación. Incluso los detalles cotidianos narrados por Fearing se mantienen intactos con el paso del tiempo gracias a su dominio de la escritura, que le permite presentar una novela coral donde la narración tiene varias voces -diferenciadas claramente, algo que eché en falta en La fiesta y que restaba fuerza a la buena idea de Maluenda-, aunque la mayor parte del relato corre a cargo del protagonista George Stroud, quien es el más consciente del peso que tiene sobre la sociedad el funcionamiento de un engranaje incontrolable.
"El gran reloj avanza por todas partes, no pasa a nadie por alto, no se olvida de nadie, no omite nada, no recuerda nada, no sabe nada. No es nada, me hubiera gustado añadir, pero ahora que conozco mejor el paño sé que no es así. Está prácticamente en todo. En todo lo que existe"
"El gran reloj avanzaba como de costumbre. Algunas veces las saetas del reloj se aceleraban de verdad; otras, apenas sí se movían un poquito. Pero para el gran reloj eso no cambiaba nada. Aunque las agujas corrieran hacia atrás, la hora que marcaban seguiría siendo correcta. Seguiría funcionando como siempre, porque todos los demás relojes tendrían que ponerse en hora con el grande, más poderoso incluso que el calendario, y a él tiene uno que ajustarse la vida entera"
Ficha técnica
Título: El gran reloj
Autor: Kenneth Fearing
Editorial: RBA Serie Negra
Año: 1946
Páginas: 188

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