El asesinato como diversión, de Fredric Brown

Brown insiste en esta novela en la idea de que un ciudadano cualquiera puede verse envuelto en una actividad criminal que comenté en en el artículo sobre El gran reloj, que Fearing publicó dos años antes. Incluso tiene a un periodista en el centro de la historia, sin embargo, Fredric Brown hace una gran incorporación: el humor, no como chascarrillo aislado sino como algo natural en la narración, algo que suponemos lógico si decidió llamar a la novela El asesinato puede ser divertido -aunque aquí se tradujo con la fórmula El asesinato como diversión-.

Fredric Brown se ganó la vida escribiendo, sobre todo, ciencia ficción hasta que a mediados de los años cuarenta probó con el género negro con La trampa fabulosa y se le dio tan bien que le valió un Premio Edgar en 1947 a mejor novela de misterio, lo cual le animó a continuar con este tipo de historias. La segunda novela negra no tardó en llegar y en 1948 publicó El asesinato puede ser divertido: un periodista que trabaja como guionista de un cutre serial radiofónico por motivos salariales se ve frustrado y en secreto intenta desarrollar una nueva serie criminal, un juego donde el oyente tendría que adivinar el culpable siguiendo las pistas que el guión iría dejando. El problema llega cuando un día se empieza a informar de homicidios que siguen las pautas escritas por Tracy en sus textos, unos guiones que decidió no enseñar a nadie, y con víctimas próximas a él. La idea le debió gustar, poco después adaptó esta idea a la ciencia ficción en Un universo de locos.

En El asesinato como diversión se presenta una idea muy ambiciosa, la línea central de la novela funciona como capítulo de la historia que el protagonista intenta escribir: los crímenes que se dan en la historia son los que el protagonista ha escrito, y el tono de la novela remite al que el mismo guionista pretende darle a sus historias del nuevo proyecto. El alcohólico Bill Tracy en su día fue un buen reportero, y las llamas volverán a arder cuando sus amigos y ex compañeros prendan la mecha de su frustración. Si hay que poner un pero es su final, la resolución parece demasiado forzada, casual, aunque en cierto modo puede ser un contraste entre las dificultades que encontraba en esos días para ser guionista en esa serie que se le atraganta -su profesión impuesta- y la ¿exagerada? facilidad para realizar la labor periodística de investigación -su profesión-. Aun teniendo en cuenta esto, me parece demasiada intuición.

Ficha técnica
Título: El asesinato como diversión
Autor: Fredric Brown
Editorial: RBA SerieNegra
Año: 1948
Páginas: 222

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