En la orilla, Chirbes

Rafael Chirbes (Tavernes de la Valldigna, 1949) abofeteó al país con Crematorio (2007): una novela-retrato de la burbuja inmobiliaria publicada en los estertores de los tiempos del pelotazo, escrita en tiempo real. Ya lo decía él: "la misión del novelista es contar lo que ve. Y aquello estaba a la vista de todo el mundo, lo que pasa es que a nadie le convenía verlo". El autor valenciano lo vivió en primera fila desde su casa de Beniarbeig (Marina Alta), cerca de donde ubicó la ficticia Misent a juzgar por las ciudades próximas mencionadas: Calp, Xàbia, Benidorm (Marina Baixa).

En la orilla trata de las víctimas crisis de Crematorio. El protagonista de esta novela es Esteban, un carpintero que quiso volar en el avión de los Bertomeu de la vida y acabó embargado. Frente al existoso señor Bertomeu, el fracasado Esteban, sin señor y sin apellido. La pujante Misent asomada al mar y la estancada Olba.

Después de los monólogos de Crematorio, Chirbes abraza la continua digresión para viajar del presente más inmediato a los años de la guerra y posguerra. El relato que más importa es el de los perdedores. "¿Por qué no se puede contar algo yéndose uno por las ramas, y que éstas formen parte del tronco? -explicaba Chirbes en entrevistas-. En la orilla no tiene trama, porque cada vez me interesa menos la trama. La trama es una dictadura".

Intenté hace una cosa que es imposible, que es una novela que hablara de todo, que hablara de nuestro tiempo. Y En la orilla es un poco eso, voy a contar lo que hay, el mundo, ¿y eso cómo se hace? pues no lo sé. Entonces es un poco novela pulpo, que saca patas en todas las direcciones. En cada novela siempre tengo otras en la cabeza, y en esta tenía las novelas de Dos Passos (la trilogía americana, Manhattan Transfer...) y también La historia de una barrica, de Jonathan Swift, que es una pura digresión: cómo a través de esas digresiones uno capta y el pulpo vuelve al centro y recoge toda la energía exterior y la convierten en un único tema, es centrípeta
 Rafael Chirbes, en una entrevista
La unión entre Crematorio y En la orilla (más allá de una mención a Bertomeu y la constante comparación Misent-Olba) queda más explícita en estos fragmentos:
El aire se llenaba con el ruido metálico de los vehículos que acarreaban material de obra, contenedores para escombros, autocargantes, góndolas que trasladaban retroexcavadoras, hormigoneras. El conjunto transmitía sensación de activa colmena.Hace cinco o seis años todo el mundo trabajaba. La comarca entera en obras. Parecía que no iba a quedarse ni un centímetro de terreno sin hormigonar; en la actualidad, el paisaje tiene algo de campo de batalla abandonado, o de territorio sujeto a un armisticio.
[...] 
La edad de oro estaba a punto de llegar, la tocábamos con la punta de los dedos, faltaba el canto de un duro, pero ha faltado, y al saltar para tocarla, nos hemos caído de culo: ahora todo se ha hundido, así fue la cosa, el dinero caído del cielo (al bueno del promotor le caía desde los andamios, yo tenía varios manantiales por los que brotaba), las comidas multitudinarias, la coca y la puta que sopla el trombón; y el pádel y el squash y los pilates y el brunch.
En la orilla es un continuo viaje al pasado y vuelta al presente para intentar explicar, con éxito, el presente que sigue evolucionando: "soy la actualización de todo un pasado que está vivo" decía Anguita. Uno de los elementos más recurridos es la acumulación primitiva del capital de la posguerra que determina las libertades de cada familia: "si para algo sirve el dinero es para comprar inocencia a tus descendientes".

Novela de reconocimiento

Javier Marías distinguía entre novelas de entretenimiento y novelas de reconocimiento, sobre las de reconocimiento destacaba su capacidad de representación: “a través de la novela sabemos que sabíamos lo que ignorábamos que sabíamos hasta que lo leímos formulado, representado o contado". Rafael Chirbes está dentro de este universo novelístico, "no pierdo el tiempo haciendo ganchillo con Borges y Octavio Paz. No me interesa para nada encerrarme con las viudas literarias en un saloncito a hacer calceta" dijo en una entrevista para aclarar que a él le gusta la "literatura de la que aprendas, que no te pase las manos por el lomo como a los gatos", argumentos que recientemente fueron causa del Premio de la Crítica Literaria Valenciana.

Mientras decide si vuelve a escribir otra novela, En la orilla estuvo encerrada en un cajón antes de publicarse y recibir reconocimientos, tocará emprender un viaje hacia el pasado a través de sus novelas a anteriores a Crematorio y En la orilla, con los que consiguió sendos Premios nacional de la Crítica: Mimoun (1988), En la lucha final (1991), La buena letra (1992), Los disparos del cazador (1994), La larga marcha (1996), La caída de Madrid (2000) y Los viejos amigos (2003), un curriculum que en Alemania conocen mejor desde 1998 por sus novelas La larga marcha y La buena letra. Cita Javier Aniorte (Universidad de Alicante) el razonamiento del jurado del premio SWR-Bestenliste que conceden los críticos de la radio-televisión autonómica del suroeste de Alemania, que se encargan de elaborar mensualmente una lista con los mejores libros):
El autor español relata con una cuidadosa prosa, tan reservada como insistente, qué consecuencias tuvieron y siguen teniendo allí la Guerra Civil y la dictadura de Franco, de las que en la gran política no se habla en absoluto. Sus libros recuerdan las humillaciones, el dolor, el vacío y los daños ocultos que llegan hasta la vida diaria, hasta la familia. Rafael Chirbes aguza la mirada sobre un capítulo de la historia contemporánea europea que ningún ganador conoce, sólo los perdedores.
Ficha técnica
Título: En la orilla
Autor: Rafael Chirbes
Año: 2013
Editorial: Anagrama
Páginas: 437

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